domingo, 12 de abril de 2009

La guitarra

Compañera de ratos solitarios, mi guitarra se dejaba acariciar por mi voz de niña triste. Mi abuelo me enseñó a tocarla..., lo primero que aprendí fue el "Himno de España" (Qué cosas!).
Después me siguió al colegio, de monjas, que allí sí se tocaba en misa. Y en el patio, en las habitaciones, en solitario, en grupo... Todas sabiamos alguna canción, y el sentimiento que poníamos era tan cierto... Hasta participé en algún festival de "La Canción Misionera". Quedé la segunda.
Esta canción era una de mis preferidas, Atahualpa pertenecía a nuestro repertorio musical de la época, aquellos años 70.

2 comentarios:

fernando dijo...

Como bien dice el refrán "nunca te acostarás sin saber una cosa nueva..." de TÍ...no sabía de esa faceta, pero debía de imaginármela en una muchacha con tantas inquietudes y que a todo se atreve y no solo participando sino siendo de las mejores; cuantas detalles y aprendizajes debemos a nuestros mayores y en este caso a tu ABUELO el cual siempre nombras por unas u otras razones, siempre orgullosa de él y de la huella que a dejado en tí.
De un tiempo a esta parte te voy notando cada vez más nostálgica...niña triste...estos días dan demasiado para pensar...ÁNIMO TRANSI!!!

Transi Robles dijo...

Sí Fernando, aún hoy cuando veo una guitarra siento deseos de abrazarla, la mano izquierda al traste, la derecha a rasgar o puntear. Ya no me acuerdo, pero la sensación de su compañía aún me emociona...La de ratos que pasé poniendole música a la soledad...
Mi abuelo, tienes razón, fue mucho para mí, dentro de su educación recta..., me toleraba y comprendía bastante bien. El único.
Siento la vida, vivo, y si parezco tristona te diré que no es para preocuparse, a veces en la vida hay que hacer pequeños cambios y acabo de enterarme que voy a cambiar de lugar de trabajo. ¡VIVA!
Pueblo nuevo, centro nuevo, gente nueva, tardaré unos cuantos años en quemarme...
¡Me deseo a mí misma mucha suerte!